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¿Qué es el cáncer infantil?

Tratamiento

Los tratamientos más empleados son: cirugía, radioterapia, quimioterapia y trasplante de médula ósea o precursores hematopoyéticos. Dependiendo del tipo de cáncer que tenga el niño se empleará una modalidad u otra, aunque en la mayoría de los casos, el tratamiento combinará varias modalidades.

A continuación se explica cada uno de ellos:

  • Cirugía
  • Para muchos tumores sólidos la cirugía es el tratamiento de elección. Consiste en la extirpación del tumor, aunque en algunos casos el tamaño o la localización de la tumoración hace difícil la extirpación completa.

    En ocasiones, antes de la cirugía se administra quimioterapia y/o radioterapia para reducir el tamaño del tumor y facilitar la extirpación completa.

    Los efectos secundarios de este tratamiento dependen en gran medida del tipo de intervención que se realice, del estado general del niño y de la localización del tumor.

  • Quimioterapia
  • Es el tratamiento con medicamentos (antineoplásicos o quimioterápicos) encaminados a destruir las células cancerosas.

    La mayoría de los medicamentos se dan por vía intravenosa. En estos casos se emplea un dispositivo especial denominado catéter, para evitar pinchar repetidamente una vena. También puede administrarse por vía oral (pastillas, jarabes…) o intratecal (inyectada en el espacio que rodea la médula espinal).

    Estos medicamentos salen del organismo a través de filtros en el hígado o el riñón. Por eso es tan importante que estos órganos no estén dañados y ayudar a la eliminación de los residuos bebiendo abundantes líquidos durante los días del tratamiento y los posteriores.

    La mayoría de los tratamientos se agrupan en unos pocos días, llamados “ciclos” (determinados días con determinados fármacos). Muchas veces se repiten dichos ciclos tras un intervalo fijo de varias semanas.

    La cirugía y la radioterapia sirven para lo que los médicos llaman “control local de la enfermedad”, es decir, para extirpar o destruir el tumor donde se origina. La quimioterapia, sin embargo, se distribuye por todo el organismo y actúa no sólo en el sitio inicial donde se ha iniciado el cáncer sino también en otros sitios a distancia.

    La quimioterapia actúa sobre las células cancerosas, pero también afecta a algunas células sanas sobre todo a aquellas que tienen una gran capacidad de crecimiento (células sanguíneas, del aparato digestivo, del cabello…), produciendo efectos secundarios que dependerán principalmente del tipo de fármaco, de la dosis y de las características de cada niño.

    Los efectos secundarios más frecuentes son: náuseas y vómitos, alteraciones en la percepción del sabor, caída del cabello, sequedad de la piel, anemia, disminución de las defensas, reacciones alérgicas…

    A veces se da quimioterapia aunque parezca que el tumor ha desaparecido, después de la cirugía o radioterapia. Esto es así porque se sabe que algunos cánceres tienen mucho riesgo de que crezcan de nuevo o aparezcan otros tumores en sitios alejados de la localización inicial (metástasis), debido a que algunas células malignas pueden haberse desplazado a otro sitio a través de la sangre o los vasos linfáticos. De esta forma, se destruye a estas células antes de que proliferen más.

  • Radioterapia
  • La radioterapia destruye las células malignas mediante radiaciones ionizantes, detiene de esta forma su crecimiento y división. El haz de radiación debe ir dirigido exactamente a la zona a tratar (terapia local). Es utilizada generalmente en combinación con la cirugía y quimioterapia.

    Se administra durante unos minutos y en varias sesiones, con una frecuencia normalmente diaria.

    En general, el tratamiento de radioterapia se tolera bien, no produce dolor, aunque puede producir irritación de la piel irradiada, sensación de cansancio, dolor de cabeza… Además, no supone ningún peligro para las personas de alrededor puesto que el paciente de radioterapia no emite ninguna radiación. La radiación se disipa en unos segundos dentro del “bunker” y son los efectos de su paso a través de las estructuras corporales los que provocarán su efecto terapéutico.

  • Trasplante de precursores hematopoyéticos

El trasplante hematopoyético es otra opción de tratamiento que puede aplicarse en determinados pacientes. La médula del enfermo, productora de células malignas, es destruida mediante la administración de dosis altas de medicamentos y radioterapia, y reemplazada por una médula sana. Esta última puede proceder de un donante (trasplante alogénico), o bien del propio enfermo (trasplante autogénico o autólogo).

Si bien tradicionalmente los trasplantes hematopoyéticos se realizaban con progenitores hematopoyéticos de médula ósea (trasplante de médula ósea), en la actualidad se efectúan trasplantes con progenitores obtenidos de la sangre venosa, tras haber estimulado el paso de progenitores hematopoyéticos de la médula ósea a la sangre, y de la sangre de cordón umbilical, muy rica en progenitores hematopoyéticos, obtenida en el momento del parto.